Ana os cuenta (con su peculiar estilo de frases de siete renglones) cómo han sido / son nuestros primeros pasos en mundo del consumo responsable:
Todo empezó en Portugal, el verano pasado, donde pudimos comprobar que muchos lugareños cultivan sus huertas y venden después sus deliciosos productos en mercados o carreteras,… Aquello no sólo nos motivó a comprar dado el olor que despedían los tomates, las ciruelas o la frescura de las lechugas, sino que además nos incitó a buscar cooperativas de consumo ecológico en Madrid.
En un principio, nos movía el placer por los productos de altísima calidad pero una vez dentro del mundillo, nos concienzamos sobre el consumo responsable y el hecho de que no sólo es saludable y placentero para nosotros sino que también es saludable y responsable para con la tierra por varios motivos: los productos que consumimos son de temporada (no se espera comer tomates en Diciembre cuando no toca sólo por capricho), no se emplean fertilizantes químicos que queman y agotan la tierra y cuyas consecuencias no se saben a ciencia cierta (las vacas locas es sólo un ejemplo) y, en definitiva, no se pretende pedir más a la tierra de lo que ya nos da porque la sobrexplotación no beneficia a ninguna de las partes.
Así pues, cuando la farmacéutica me ofreció una línea “natural” basada en la fitoterapia no me lo pensé dos veces y adquirí el exfoliante; además, unos días después y tras un paseo por su página en internet, pedí a mi hermana que me trajera de Francia (país de origen) un par de productos más. Sin embargo, resultó que uno de ellos estaba agotado y en la parafarmacia francesa le recomendaron otra marca de características semejantes, y con el tiempo descubrí que mejor incluso.
Mi historia continuó este año de vacaciones en una casa rural regentada por una pareja de hippys en donde la comida era vegetariana, el naturismo estaba permitido y una de las pocas revistas disponibles era ‘Integral’. Uno de sus artículos se refería precisamente a los compuestos químicos que inundan nuestra vida en forma de desodorantes, detergentes lavavajillas, cremas corporales y faciales, y que si bien no se ha afirmado una rotunda causa-efecto con respecto a las consecuencias de su empleo, sí se ha observado una amplia correlación entre ellos y ciertas reacciones alérgicas, dermatológicas, respiratorias e incluso cancerígenas. Y cual será mi sorpresa, cuando ya en casa me di cuenta que la crema exfoliante “natural” que me vendieron en la farmacia contenía, entre otros, parabenos…
Días después un domingo en casa de mis suegros y echando un vistazo al Dominical del País descubrí un artículo sobre cosméticos ecológicos “de verdad”, carentes de productos químicos en su formulación y no experimentados sobre animales. Curiosamente estaba la marca que me había traído mi hermana de Francia y bastantes más sobre las que investigué en internet para finalmente decidirme por una de tipo homeopático y basada 100% en plantas y flores. Se trata de Dr Hauschka, con sede en Alemania y de reconocido prestigio, fuera de España claro está
Pues bien, compré su tónico y su crema limpiadora y os puedo garantizar que desde que uso a diario esos productos junto con la mousse limpiadora de Caudalie (la marca francesa) mi piel brilla, está suave, presenta menos granitos que nunca y tiene un aspecto sano.
Y eso es todo, no pretendo evangelizar ni convencer a nadie sobre su consumo con este artículo pero sí espero dar a conocer otras alternativas más saludables y además alertar sobre el uso de las muy extendidas formulaciones químicas de cuestionable calidad a medio y/o largo plazo.
Por cierto, algunos de los compuestos que podéis encontrar en el desodorante que tenéis en la repisa del baño o en la crema corporal que os extendéis con pasión para que penetre bien son los siguientes: Lauril Sulfato de Sodio (SLS) y Lauril Sulfato de Amonio (ALS), Preservantes Parabenos, Glicol Propílico, DEA (Dietanolamina), TEA (Trietanolamina), y MEA (Monoetanolamina), Polietilenglicol, Alcohol Isopropílico,…
Salud!